Nacho y Laura Laura y cachorros de Terra Kéltica
Desde hace mucho tiempo tengo pasión por los animales, por los perros en particular y por la raza Golden en especial. Mis padres siempre me dicen “ya sabíamos nosotros que acabarías rodeada de perros, porque cuando no tenías ni un año y te llevábamos a pasear en el cochecito, era acercarse un perro y sacar tu minúscula mano, con el consiguiente vuelco de corazón para nosotros”.
En casa de mis padres nunca he podido tener perros, pero eso no me ha quitado la
ilusión. Acudía a exposiciones, me compraba revistas y pedía que me regalasen
libros por mis cumpleaños. Hace unos doce años, en una exposición, vi un
ejemplar que me dejó fascinada. ¡era un Golden Retriever! Me encantó su belleza,
su porte, su forma de mirarme. Pero lo que más me impactó, fue su forma de
acercarse a mí, alegre, “sonriente”. Cuando lo acaricié me pasó un cosquilleo
por todo el cuerpo y desde ese momento supe que algún día tendría un Golden
Retriever.
Y ese día llegó gracias a Nacho. Aunque la verdad a él los perros no le entusiasmaban, por no decir que no le gustaban. Pero un día, me regaló a Venus de la Charola (Arena) y aquel día fue uno de los más felices de mi vida. Un sueño hecho realidad. Mi propio Golden.
Quiero agradecerle a Nacho todo lo que ha hecho, porque sin su ayuda y paciencia no podría haber realizado mis sueños. Él va conmigo a las exposiciones, es más, es el handler de Arena y Bosco y me ha apoyado en mi decisión de tener tener un afijo y de poder llegar a ser un gran criador de Golden Retriever algún día. Por todo esto su nombre está implícito en nuestro afijo Ducado de Ohcan.
Sé que todo aquel que tenga perros siente algo especial por ellos, pero la experiencia de tener un Golden en casa es algo que no se puede explicar con palabras. Simplemente son uno más de la familia.
Susana

Brisa, Bosco y Arena